Todo Empieza En Mí y Termina En Mí
Por: Eddy Paulino Ulerio
Se puede castigar, aconsejar, analizar, rezar, tratar de hacerlo razonar, pero no parara hasta que quiera hacerlo.
Una de las verdades más difíciles y dura a la que todo familiar o ser querido de un adicto activo deben enfrentar es que son imposibilitados ante la enfermedad de su familiar o de cualquier persona que sufra de la adicción. Tal vez se piense que deberían ser capaces de convencer al adicto de que se recupere, o teorizar haber encontrado la forma mágica de expresar con palabras seleccionadas y apelando a los sentimientos, el punto para que pueda detener su proceso de deterioro. Pero hay límites respecto a lo que se puede hacer para ayudar a una persona que padezca la enfermedad de la adicción.
No se puede obligar a dejar de consumir. No se puede dar los resultados de un proceso de recuperación sin crecer a través de su propio proceso, imposible quitar la soledad ni el dolor, no hay nada que se pueda decir para convencer a un adicto asustado de que cambie la felicidad conocida por la incertidumbre de la recuperación, no se pude penetrar en la piel de otro y cambiar sus objetivos ni decidir por ellos lo que más le conviene.
Sin embargo, si se evita ejercer cierta imposición sobre la enfermedad de la persona, quizás se pueda ayudar. Si se acuerda que enfrente su propia realidad, por muy dolorosa que sea, a lo mejor crecen. Siempre y cuando no se intente hacerlo por ello, quizás se vuelvan más productivos, según su propio criterio. Pueden convertirse en la autoridad de su propia vida, a condición de que cada cual sea autoridad de la suya.